"Un día Zaratustra se había quedado dormido bajo una higuera, y, como hacía calor, había ocultado la cara bajo el brazo. Entonces se le acercó una víbora y le picó en el cuello, y Zaratustra despertó gritando de dolor. Al apartar el brazo de su cara vio la serpiente, que, al reconocer los ojos de Zaratustra, dio la vuelta torpemente y quiso marcharse. “No te vayas aún -dijo Zaratustra-, déjame darte las gracias.
A tiempo me has despertado, mi camino todavía es largo”. “Tu camino es ya corto -respondió la víbora con tristeza-, pues mi veneno mata”. Zaratustra sonrió: “¿Ha muerto alguna vez un dragón por el veneno de una serpiente? Pero toma de nuevo tu veneno: no eres bastante rica para regalármelo.” La víbora le saltó de nuevo al cuello y le lamió la mordedura.
Cuando Zaratustra relató lo sucedido a sus discípulos, éstos le preguntaron: “¿Cuál es la moraleja de esa historia, Zaratustra?” Y Zaratustra les contestó: “Los buenos y justos me llaman el aniquilador de la moral. mi relato es un relato inmoral. Si tenéis un enemigo, no le devolváis bien por mal, pues eso le humillaba. Demostradle, mejor, que os ha hecho un bien. […]”
Friedrich Nietzsche
Así habló Zaratustra.
